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POEMAS DEL EXILIO DE RAFAEL ALBERTIDiscografía Miguel Poveda

HARMONIA MUNDI - 2003



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Pista 1. Dejadme llorar Ver letra
Pista 2. Se ha roto el río Ver letra
Pista 3. A la soledad me vine Ver letra
Pista 4. Jardín de naranjas Ver letra
Pista 5. Huele a sangre Ver letra
Pista 6. Hoy las nubes Ver letra
Pista 7. Cornearás Ver letra
Pista 8. Y sin embargo Ver letra
Pista 9. Nana de la cigüeña

El desenlace de la guerra civil cambió la vida de muchos españoles, entre ellos la de un poeta como Rafael Alberti. Durante casi cuarenta años, la separación de sus paisajes inspiró la mayor parte de su obra que adquirió la fuerza que sólo puede dar la nostalgia de quien ha vivido tanto tiempo lejos de ellos (“A la soledad me vine / por ver si encontraba el río / del olvido”).

La obra de Alberti se enriquece en la distancia, su verso, su prosa, se convierten en una constante evocación de “lo vivo lejano”, en un lírico y sostenido intento de no desvincularse de su origen, pero que no impidieron su arraigo en otra gente, otro mar, que nunca dejó de traerle el eco, la pleamar, de su abandonada bahía gaditana.

Todo esto queda reflejado, con una nitidez y pureza que sólo puede aportar un trabajo entusiasta – pero lleno de rigor, profesionalidad y respeto – , en esta grabación de Enric Palomar y Miguel Poveda, acompañados por unos magníficos músicos. En ella, se pone de manifiesto la fuerza creadora de su juventud, capaz de hacer suyos sentimientos de un poeta universal y transmitirlos a los demás. Una originalísima combinación de música de cámara y flamenco, con la sobriedad y pasión que ambos artistas imprimen a unos poemas escritos para acompañarnos siempre, para no morir nunca, como deseaba su autor.

María Asunción Mateo
Presidenta de la Fundación Rafael Alberti


En la música, cualquier aportación que se realice utilizando algún elemento popular tiene para mí un gran interés. A la larga, enriquece el panorama autóctono y eleva el grado de compromiso musical de los compositores que abordan dicho estilo, muchas veces atascado por dictatoriales voces internas que favorecen un cierto inmovilismo.

En Poemas del exilio, hay una sabia utilización de la rítmica que parte de los “palos” flamencos, confiriéndole una sensación de proximidad que ayuda al oyente a una integración más intensa. Asimismo, las imágenes que aparecen en el subconsciente, se suceden a lo largo del recorrido musical, puesto que la poesía de Rafael Alberti es muy rica en este tipo de matices.

Uno de los puntos más interesantes es la transformación que sufre la voz flamenca de Miguel Poveda, al servicio de una partitura que posee una gran inventiva tanto melódica como armónica y que, por otro lado, viene a sumarse al parco repertorio que parte de la idea de ensamblaje. La combinación de una orquesta de cámara con los ritmos del patrimonio flamenco, no podía cuajar sin la inclusión de percusionistas conocedores de la savia “jonda”. El acierto del compositor está en servirse de estos elementos para crear una mejor simbiosis de estilos. De otra manera, no se hubiera producido el grado de clímax rítmico que aquí acontece.

En la búsqueda del repertorio basado en la fusión, no encontramos muchos ejemplos en los que el resultado final sea el apetecido. En el arte de la composición, aparte del talento, influyen además la habilidad y el concienzudo análisis del material a tratar, cuestiones que Enric Palomar resuelve con maestría.

Creo que Poemas del exilio pasará a aumentar la lista de obras nacidas bajo el auspicio del “nacionalismo”, y eso en los tiempos que corren, es una gran virtud y una buena seña de identidad.

Joan Albert Amargós

La poesía de Rafael Alberti es el encuadre perfecto para explorar en música lo que el solucionó con magia literaria: un profundo andalucismo interior que despliega velas a influencias de las nuevas tierras y sus geografías, sus gentes, sus olores…

Con este concepto nace esta obra: cantar Alberti tamizándolo con nuevos sabores, donde el bandoneón o los ritmos autóctonos actúen como evocadores. El instrumento argentino de la pasión al servicio del cante quebrado, a veces lleno de rabia, a veces visionario, a veces suavizando el optimismo. A pesar de la especificidad de la voz flamenca, creo firmemente que tango y flamenco tiene en común el “lamento”, un elemento inherente a sus músicas.

Bajo el título genérico “Poemas del Exilio”, se engloba una selección de poemas de los libros “Entre el clavel y la espada” (1939-1940) y “Baladas y canciones del Paraná” (1954), que corresponderían básicamente a los inicios de su largo exilio argentino el primero, y la culminación de la nostalgia el segundo. No hay una linealidad cronológica en los poemas, pero sí una línea imaginaria que parte de la desesperación y el desarraigo iniciales hasta un suave optimismo visionario, aún lejos del reencuentro real.

Musicalmente, los poemas conforman una suite para voz flamenca y orquesta de cámara, añadiendo a ésta dos percusionistas. Determinados poemas presentan aprovechamientos más o menos explícitos de lo que llamamos “palos” flamencos. Así, “Dejadme llorar a mares” se inicia en la atmósfera de un martinete, que deriva progresivamente a una milonga lenta, de corte casi procesional, angustiosa… “Se ha roto el río” está basado en una célula rítmica derivada de una farruca y encuadrada como obstinado.

Es imposible plantearse un homenaje a Alberti sin unos tanguillos, tan cercanos a los aromas de Cádiz, tierra natal del poeta. “A la soledad me vine” incorpora dentro del ritmo específico contornos de acompañamiento en el bandoneón propios del tango argentino, aún fuera de su métrica habitual. “Eras jardín de naranjas” es una suite dentro de una suite, mosaico de versos de temática común. El nudo central es un soneto de Alberti entonado como milonga lenta y flanqueado por dos tangos flamencos. “Huele a sangre” es el único tema instrumental de la suite. Es una recreación musical sobre el soneto con ese primer verso inicial. Un rico bandoneón solista dentro de la fórmula “soleá por bulerías”, con un explícito final cuasi minimalista para evocar los bellos últimos versos.

Con “Hoy las nubes” se inicia la curva ascendente del optimismo visionario de Alberti. Pieza eminentemente melancólica, de recuerdos mezclados y que da paso a los dos últimos movimientos de la suite: “Cornearás aún y más que nunca”, todo un canto al optimismo de lo que volverá a ser España tras el desastre, y el reivindicativo “Y sin embargo…qué alegre”, también un mosaico de versos de temática común, cerrados por una coda (entonada como el martinete del primer movimiento) con unos maravillosos versos que me parecieron idóneos como conclusivos: “Un día los olivares/ se llenarán de palomas. / Más palomas ese día, / madre, / que hojas. / Y también, más que aceitunas, / hijo, palomas”.

Creo que más que ensanchar el flamenco (cuyo proceso es del todo imparable) sí que existe una “manera flamenca de entender la música”, de desarrollarla desde territorios conocidos, de saborear sus recursos, extenderse en sus potencialidades… de remar en su río aún con barca propia. Me siento profundamente anclado a aquel pensamiento de Tolstoi, cada vez de más arraigo en este mundo tan rápido: “Si quieres ser universal, pinta tu aldea”.

Contar con Miguel Poveda para esta obra es un privilegio. Un privilegio de palabras quietas y de ojos semivelados dispuestos a escucharle. Su ductilidad y su arte llenan de contenido todo aquello que canta.

ENRIC PALOMAR POLO

ENRIC PALOMAR POLO, música y dirección
JAUME CORTADELLAS, flauta / piccolo
PHILIPPE VAILLET, oboe / corno inglés
QUERALT ROCA, clarinete / clarinete bajo
DAVID THOMPSON, trompas
JUDITH THOMPSON, trompas
MIGUEL ÁNGEL BOSCH, trompeta
FRANCESC SÁNCHEZ, trombón
PERE BARDAGÍ, violín
JOSEPA AZNAR, violín
ELISABETH GEX, viola
LITO IGLESIAS, violonchelo
MIGUEL ÁNGEL CORDERO, contrabajo
CARLOS MORERA, bandoneón
MIQUEL VILLALBA, piano
PABLO MARTÍN, bajo / contrabajo
ROGER BLAVIA, percusión
NACHO LÓPEZ, percusión

BIG ENSEMBLE DEL TALLER DE MÚSICS

Disco grabado en directo en L´Auditori de Barcelona el 7 de mayo de 2003.