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Miguel Poveda no tiene fin

El cantaor barcelonés cerró con éxito su gira de ‘Diverso’ en Sevilla y anunció su nuevo trabajo.

Un año y nueve meses después de haber triunfado Miguel Poveda en el Cartuja Center Cite con la gira de ‘Diverso’, ha regresado el cantaor barcelonés para cerrar el ciclo de su propuesta. Y lo ha hecho con las lógicas variaciones en el programa ante una gira tan espaciosa y en el mismo auditorio sevillano, donde va a necesitar tres días para atender a sus incontables seguidores, con lo que, junto a José Mercé y Sara Baras, se convierte en el artista flamenco más demandado de este tiempo.

Al respecto, hay que agradecerle a Poveda su generosidad y su buen trabajo, dado que es un artista que siempre prepara sus conciertos con rigor y seriedad. Aunque esta ocasión lo hemos visto más dialogante que nunca con un público que completó el aforo, sigue sin hacer concesiones en ningún tipo de melodía y va directo a las jondas, que las aborda con sobriedad, haciendo incluso fácil lo difícil, y con una entrega y profesionalidad sin mácula, destacando en cuanto tocaba y sin acercarse a la sobreactuación.

Fue así que el barcelonés cultivó el árbol del arte cantado con precisión y detalle, como cuando arrancó con la zambra ‘La Tana’ que Carmen Amaya grabara en 1933, resolviéndola con la canción por bulería ‘Cómo reluce Triana’, que el irrepetible Mairena desempolvara en 1941.

Pero nos dejaría sobrecogidos con ‘Encuentro’, los tangos de su nuevo trabajo justo el día que se daba a conocer el single y que por su tremenda interpretación, augura un más que interesante futuro orientado tanto en el flamenco como en el ‘Poema del Cante Jondo’ (1921), de Federico García Lorca. Y hablamos de presagio porque de seguida Poveda mantuvo la brillantez de su nivel acostumbrado haciendo una lectura limpia y depurada de ‘El silencio’, de la citada obra, y la lorquiana ‘Oda a Walt Whitman’, ejecutada con una afinación tan prodigiosa como sugeridora.

Las imágenes del poeta granadino impactaban junto al cante, en tanto que las bulerías a «capella» fueron más un reto de dominación escénica que un alivio. Se confesó ante el público con que «no saben ustedes las horas que paso sin dormir cuando vengo a cantar a Sevilla», porque «aunque no haya nacido aquí, soy andaluz». Y el público entregado con el cantaor.

Empero, habría más motivos para el asombro, tal que el sentido teatral que confirió a ‘No me encontraron’, de ‘Poeta en Nueva York’ (1929), el poemario de García Lorca, y extraordinaria la expresividad que concedió a la composición ‘Padre’, de Joan Manuel Serrat e incluida en su disco ‘Diverso’ (2021), pero interpretada de manera muy matizada, detallada y a gran nivel, tanto como arrollador y conmovedor se mostró en ‘El gran varón, del cantautor panameño Omar Alfanno, una salsa al son de rumba donde se recrea el perfil del transexual Simón.

Poveda estaba más que crecido y con razón, revelando con orgullo hasta el secreto interno del porqué de su repertorio, como cuando abordó ‘La senda del viento’, del jerezano de Antonio Gallardo como homenaje a Carmen Amaya y que cantó como pocas Bernarda de Utrera, para continuar con la mayor sorpresa de la noche, ‘La canción de Andalucía’ del gran maestro Manolo Sanlúcar, espeluznante composición que fue acogida con el aplauso más atronador de la noche y con un público del que, de pie mucho antes de finalizarla, afloraron no pocas lágrimas.

El sonido del auditorio, que tanto contribuyó al triunfo, permitió que Poveda enlazara de forma compacta y máxima redondez el tema ‘Mi amigo’, de Rafael de León y Juan Solano, con ‘Ni un padre nuestro’, de los mismo autores y que Poveda incluyó en su doble ‘Coplas del querer (2009, pero rematados con el bolero ‘Aurora’, de Basilio García Cabello, Rafael Antonio Salazar y Ricardo Freire, e inspirado en Rafael Farina.

Ante esta diversidad tipológica, la técnica de proyección vocal de Poveda era tan perfecta como difícil de objetivar y aplicar con pulcritud, refrendándola en ‘Chicheando’, un remake en el que el artista recuerda su niñez a través de las rumbas del grupo Los Chichos, pero sin perder jamás la puesta en escena, vistosa y original, y sin lastrar lo principal, el cante y la instrumentación.

Las virtualidades guitarrísticas del isleño Jesús Guerrero, henchida de agilidad y vivacidad, cayeron sobre el público como gracia divina por bulerías, transición que abrió las puertas del segundo bloque, en el que Miguel Poveda reveló que conoce el cante grande y los caminos verdaderos, como ratificó en el ‘collage’ de tonás de Los Puertos, seguiriya de Jerez, soleá de Triana y Cádiz, bulerías de Antonia Pozo, lorqueña, romance lebrijano y liviana portuense. Y a partir de ahí se comió los cantes como quien tiene mucha hambre, mucho apetito de hondura.

Verbigracia. Lució con naturalidad el estreno de una malagueña extraída de un fragmento de la viñeta que Lorca le dedicó al veleño Juan Breva en 1921 y resuelta con rondeña, verdial y jabera. Fruto de su esfuerzo y entrega total, ilusionó al público con los tangos trianeros de Pastora Pavón y El Titi, a más de evidenciar con el baile por qué es tan impresionable en estos estilos. Y ya luego bordó la minera de Pencho Cros, sedujo con un cuplé por bulería y confirió su máxima expresión a las cantiñas.

El público, puesto en pie y entusiasmado hasta los mayores niveles, le brindó una de esas ovaciones que rozan lo obsesivo, con lo que obligó a que Poveda a coger de nuevo el micrófono para arrancarle tres ‘bises’, el ‘Recitado’ de la obra ‘Diverso’; ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón de la Isla, que la cantó junto al personal en el patio de butacas, y el ‘Dame la libertad’, de Juan el Lebrijano, con lo que auditorio se vino abajo avalado por la desmedida entrega y la honestidad profesional de Miguel Poveda.

Triunfo sin sombra y éxito apabullante el logrado, pues, por un Miguel Poveda que no parece tener fin y del que, tras dos horas y media de actuación, valoramos su naturalidad, libre de artificio; el carácter que imprime a lo que canta, donde todos los matices, los colores, la expresividad y la flexibilidad de la voz las pone al servicio de la música, y en consecuencia, el modo de buscar la verdad y promover la dignidad de la cultura flamenca. ¡Enhorabuena, andaluz de Barcelona!.

Fuente: https://www.elmundo.es/andalucia/2023/12/02/656b81e2e85eceed0c8b4585.html

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